Adicciones Emotivas y Vida Intrauterina

 alt=

(Perspectivas en la Técnica de Intervención Anatheóresis)

El tema de las dependencias afectivas no ha sido suficientemente tratado desde la Psicología tanto como otras adicciones. Y sin embargo, un gran porcentaje de pacientes acuden a consulta por dificultades derivadas de una adicción afectiva extrema e incontrolable, la cual les impide establecer relaciones amorosas adecuadas. El exceso de afecto convertido en dependencia puede resultar tan impactante en nuestra vida como la falta de amor o el abandono.

Las dependencias se ponen de manifiesto en el escenario de las relaciones humanas, sobre todo si son afectivas, sean estas paterno filiales, fraternas, de amistad o de pareja, y es en este último ámbito donde más impera esta orientación patológica llegando a grados muy intensos de dependencia.

El que lo padece “se cuelga” en el Otro hallando en él su sentido y razón de ser; así cuando se deposita nuestra felicidad en el Otro soltamos automáticamente las riendas de nuestra vida, perdiendo nuestro propio espacio y dándole al Otro poder sobre nuestra vida. Así se comienza a mendigar atención, afecto... y aparece el sufrimiento al descubrir por nosotros mismos que nadie te puede dar lo que tú mismo no te das.

La necesidad de dependencia es una tendencia neurótica, que va remitiendo a medida que la persona va siendo consciente de ello, se conoce, se valora y se centra en su propio desarrollo interior. De este modo, se responsabiliza de sí mismo, desarrolla una visión clara, adquiere autonomía y libertad personal.

Y no está de más preguntarse, ¿no hay demasiadas e inevitables dependencias como para buscar las innecesarias?, digamos que lo que subyace al “te quiero” - en boca de la persona dependiente- es en realidad un “te necesito”. Se depende porque se desplaza el propio Yo al sujeto u objeto del que se depende, jugando en muchas ocasiones una función psicológica de falso alivio o amortiguador de una angustia vital subyacente o también un escape peligroso del propio sentimiento de inferioridad, inseguridad y miedo.

Desde el punto de vista de la teoría psicoanalítica cabe resaltar que, en el tema que nos ocupa, dichas fijaciones colocan en una posición de superioridad al Otro convirtiéndose este en objeto del cual dependemos. Dicho proceso se generaría básicamente hasta los 15 años de aproximadamente, edad a partir de la cual se podría manifestar a nivel consciente a través de la búsqueda de “papás/mamás”, donde los mecanismos de identificación, proyección y sublimación estarían actuando. En concreto:

  • . Se desviarían –por un proceso de sublimación- las pulsiones infantiles que no encontraron satisfacción en las primeras etapas de la vida. Freud, en la obra “El malestar en la cultura”, dice que la sublimación no puede garantizar una protección perfecta contra el sufrimiento, procurando sólo una coraza impenetrable para los dardos del destino.
  • . Se establecería y desarrollaría una corriente afectiva entre individuos donde nos encontraríamos con un rasgo nuestro en otro sujeto “como nosotros”, es lo que llamamos proceso de identificación. Las figuras paternas contribuyen definitivamente a su establecimiento, un padre que no prodigue los cuidados necesarios al hijo para un crecimiento saludable no facilitará la identificación de éste. Padres ausentes física o emocionalmente generarán en el hijo adolescente o adulto una actitud violenta contra sí (autolesiones, actitudes sadomasoquistas, establecimiento de relaciones afectivas abusivas,…) o contra otros (conductas delictivas o antisociales), buscando en esa emoción sentir algo que los conmueva, aunque la conmoción será buscada pero no hallada, reiterando –por fijación en la repetición- la escena traumática original que vuelve una y otra vez buscando ser procesada.
  • . El deseo del Otro se inscribiría a partir del estado de desamparo infantil, por ello el Yo ideal sería fuente de proyección imaginaria dándose a continuación el proceso de idealización mediante el enamoramiento para recubrir esa falta. Desidealizar supondría pues soportar la inconsistencia del Otro y elaborar el duelo por el “padre ideal” que deja como lastre en la subjetividad un estado de dolorosa orfandad.

Resumiendo pues podríamos decir que al haber existido situaciones de “abandono” de alguna de las figuras de referencia principales, el sujeto objeto de dichas ausencias configuraría en su vida adulta dichas estructuras no presentes en base a su “necesidad” o “verdad sentida”, materializándose en situaciones de maltrato, dependencias varias, abusos,….

 

Principios de relaciones emocionales desde la técnica regresiva Anatheóresis a la luz de las investigaciones actuales.

Desde la terapia regresiva anatheóresis se concibe la enfermedad de un modo nuevo y distinto al usual, a través de un paradigma globalizador. El Amor (sentimiento y emoción) es el fundamento sobre el que se sustenta la terapia regresiva anatheóresis, ya que ésta parte de que en toda desarmonía vital las raíces que la alimentan se nutren (directa o indirectamente) de carencias afectivas.

Anatheóresis ahonda hasta los más escondidos y dolorosos estratos de la psique, buscando las raíces emocionales del daño manifestado por el paciente, un impacto estremecedor como es el sentimiento de “dejar de ser” (el miedo a morir), porque lo único que la vida no quiere es dejar de ser; por ello la psique y el cuerpo

buscan salidas explicativas –analgésicas- que son sólo una compensación interpretativa del daño emocional sentido. Dichos impactos ya comienzan a tejerse en el útero convirtiéndose en hostil (emociones negativas en la madre, hijo no deseado, peligro de aborto,…) para el embrión y más tarde feto. Así, los patrones de daños del nacimiento son las matrices básicas con las que escribimos los textos de muchas de nuestras enfermedades.

El útero constituye el primer entorno afectivo para el bebé con lo cual sus emociones van a ser las emociones de la madre. La casuística anatheorética parece avalar también la conclusión de que en los primeros meses de vida intrauterina el bebé posee una gran facilidad en movilizar la focalización de su percepción, de manera que puede vivenciar no sólo cuanto ocurre dentro del claustro materno sino cuanto ocurre fuera de él, es lo que llamamos percepción extrauterina. Es en concreto en la época de madurez embrionaria y en los inicios de la etapa fetal cuando la percepción comienza a estar abierta a los impactos, especialmente a los emotivos procedentes de la madre, con la que se mantiene en una simbiosis total. Es lo que se conoce como “contagio emocional”, y que estudios científicos confirman.

En anatheóresis no se curan enfermedades y/o trastornos, sino que se cura a la persona que padece dicho trastorno. Porque no se cura, por ejemplo, el miedo sino a una persona que siente miedo; como no se cura la adicción a la heroína sino que se le devuelve la capacidad de vivir en el mundo racional – interpretativo a una persona que intenta una y otra vez volver a ese cálido y seguro baño de endorfinas que era el útero de su madre; y como no se cura la adicción a la cocaína sino que se le devuelve el equilibrio emocional a una persona cuyo núcleo patológico le impulsa a cruzar todos los Andes de la vida en una sola noche.

Respecto al tema que nos ocupa, desde anatheóresis habría que explorar posibles situaciones de abandono vividas por la madre gestante que generarían en ella una dependencia afectiva -derivada de la falta / ausencia “sentida”- y que, por el proceso de transmisión / contagio emocional, llegaría hasta el feto. Entrando éste -ya convertido en adulto- en un estado de desequilibrio dado que le impulsaría a buscar figuras de referencia en sus relaciones afectivas; aquello de lo que se habló anteriormente como proceso de sublimación / identificación / proyección.

 

Diversos estudios científicos van de la mano con nuestras hipótesis (apoyadas éstas por la casuística anatheorética de base). A continuación mencionaré algunos de ellos:

. Psiquiatras finlandeses estudiaros el efecto tras el duelo en embarazadas que habían perdido a su marido durante la segunda guerra mundial, siguiendo la historia médica de estos adultos ya nacidos durante 35 años, todos ellos tenían en común el hecho de haber nacido sin padre pero sólo los que lo habían perdido estando aún en el útero de su madre tenían un riesgo mayor de desarrollar conductas antisociales, dependencia de sustancias e incremento de trastornos psicológicos. Los resultados de este estudio demostraron que el estado emocional de la madre durante el embarazo tiene efectos a largo plazo más que el estado emocional de ésta en el primer año de vida del bebé.

 

El estrés emocional parece ser muy pernicioso para el cerebro del bebé en formación, concluye el estudio. (Información publicada por el Dr. Emilio Santos Leal, Ginecólogo. Madrid, Enero 2011. “El mundo de tu bebé”)

  • . Períodos largos de ansiedad/estrés en la madre gestante pueden tener efectos a largo plazo en la salud física y psíquica del bebé, predisponiéndole al miedo y a la irritabilidad. Ello también aumentaría la predisposición a padecer psicopatologías y trastornos del aprendizaje en la infancia y adolescencia, como el TDHA. (Clarke et al, 1996)
  • . Más recientemente, Vivette Glover, experta en psicobiología prenatal del Imperial College London ha realizado diversos estudios relacionados con las consecuencias del estrés prenatal y neonatal, y expuestos artículos sobre “embarazo de emociones”, “embarazo compartido” y “educación emocional desde el útero”. Básicamente Vivette afirma, a través de los resultados obtenidos de su investigación, que el modo en el que el bebé se desarrolla en el vientre materno marcará su vida.

Se sabía que una inadecuada alimentación o el consumo de diversos tóxicos incidían negativamente, ahora la ciencia ha ido más allá y ha descubierto que las emociones de la madre durante el embarazo también pueden resultar igualmente tóxicas y desempeñar un papel esencial.

Numerosos estudios científicos realizados en las últimas décadas están poniendo de manifiesto que el estado emocional de la madre durante la gestación va a afectar a la salud del bebé a largo plazo. Que una madre depresiva, ansiosa o stresada puede influir en el coeficiente intelectual de su hijo predisponiéndolo para padecer hiperactividad o déficit de atención.

La ansiedad de la madre gestante, se ha visto, multiplica por dos el nivel de hiperactividad del niño. Hace 50 años se sabía esto mismo en relación con estudios con ratas y monas preñadas, es decir, si estaban muy stresadas ello tenía efectos a largo plazo sobre sus crías; pero los científicos que trabajaban con seres humanos ignoraron estas investigaciones y hace una década más o menos empezaron a pensar que era importante.

 

Por otro lado sus investigaciones afirman que estados de sufrimiento emocional se asocian a la segregación de hormonas como el cortisol y la adrenalina, la primera la llamada hormona del estrés mantenido (de horas, días, semanas, meses o años) y la segunda la hormona del estrés agudo (de segundos a minutos).

La acción del cortisol mantenida en el tiempo sobre un bebé intrauterino inhibe su crecimiento y reduce el crecimiento de su cerebro, con lo cual se verían afectados sus niveles de inteligencia. 

Estrés ---. activa al hipotálamo ---.corticotropina ---.adrenocorticotropina -- -.se libera CORTISOL ---. liberación de glucosa en sangre que llega a los músculos con el fin de escapar o luchar / altera el sistema dopaminérgico --- .aumento del arousal / implicación síndrome por déficit de atención y esquizofrenia

Si se prolonga la segregación de cortisol (debido a un estado de estrés importante en la madre gestante) el bebé nace con una respuesta de alerta exagerada hacia su entorno. También ese aumento en los niveles de cortisol en la matriz afecta al desarrollo cerebral del feto a nivel de aprendizaje.

En sus investigaciones Vivette Glover va más allá y ha comprobado que el estrés y la ansiedad afectan de manera distinta dependiendo del momento del embarazo del que se trate. Un estrés muy intenso como es la muerte de otro hijo sería un factor de riesgo añadido para padecer esquizofrenia durante el primer trimestre del embarazo. Los estudios muestran más efectos al final del embarazo en el síndrome del TDAH respecto a la ansiedad y estrés más leve.

 

Hasta aquí algunas de las aportaciones que desde la ciencia nos han llegado y que avalan nuestras hipótesis.

 

Por último quiero recordar que desde la línea psicoanalítica freudiana ya sabíamos de la importancia del período crítico de los dos primeros años de la vida del niño a nivel de aprendizaje emocional y de cara a lo que ocurra con posterioridad en la edad adulta. Después de Adler y Jung, autores destacados como Melanie Klein y Rof Carballo han investigado y publicado trabajos acerca de la importancia de esa “falta básica” madre – hijo; pero ahora vemos que no es suficiente sino que el aprendizaje emocional y su impacto en todo el ser se inicia ya en el útero materno.

 

Roxana García Arán, Licenciada en Psicología por la Universidad de Granada, Especialista Universitario en Hipnosis Clínica. Formadora Ocupacional. Curso Superior de Anatheóresis e itinerario profesional como psicóloga clínica y psicoterapeuta desde el año 2000 hasta la actualidad.