Umbanda para una enferma de "Perplejidad"

Si va usted a Río de Janeiro, difícilmente dejará de visitar la montaña del Corcovado, en cuya cumbre, a 710 metros de altura se encuentra la imagen pétrea de Cristo Redentor, cuyos brazos, generosamente abiertos, parecen querer abrazar, de un extremo a otro, toda la ciudad.

Y usted admirará ese inmenso Cristo de 38 metros de alto, que, con su monumentalidad muestra a toda mirada la fe crística de un país que se enorgullece de ser la mayor nación católica del mundo.
Pues bien, si usted, al volver a su país, hace el elogio de ese Cristo Redentor y de la fe católica de la nación que lo ha erigido, se estará engañando y estará engañando a su interlocutor, porque en la cima del Corcovado no está Cristo, sino Oxalá.

Si se le llama Cristo, esto se debe a la agresividad y fanático dogmatismo de los blancos conquistadores y colonizadores y a la sumisión y sincretismo de los indígenas conquistados y colonizados, así como a ese mismo sincretismo de los negros esclavizados.
Y sepa, en consecuencia, que, de hecho, la religión de Brasil no es el catolicismo. Brasil profesa una variedad de cultos espiritistas que pueden sintetizarse en la umbanda, la quimbanda, el candomblé y el kardesismo. Lo que no impide que, en general, los brasileños se consideren muy sinceramente auténticos católicos.

¿QUÉ ES UMBANDA?

Pero, ¿qué es umbanda, qué quimbanda, qué candomblé y qué kardesismo?
Definir el kardesismo resulta fácil. A fin de cuentas se trata del espiritismo surgido a mediados del siglo pasado en Hydesville (USA) y doctrinalmente estructurado por Allan Kardec. Es, en definitiva, el espiritismo de ouija, velador y mediumnidad parlante que se practica en todo el mundo, aun en los países más tecnificados.


Más difícil resulta ya definir la umbanda, la quimbanda y el candomblé, creencias no sujetas a un dogma ni a una liturgia unificada. Y que, además, como ocurre especialmente con la umbanda, se han ido y van nutriendo de distintas y variadas corrientes religiosas.


No obstante, cabe afirmar que las características fundamentales de la umbanda son: quienes intervienen suelen vestir de blanco. En los altares pueden verse imágenes católicas, así como de pretos velhos (viejos negros) y de caboclos (viejos indígenas). Aparte los orixás (fuerzas de la naturaleza que se manifiestan mediante vibraciones que se posesionan de los médiums), la umbanda admite también la manifestación de los espíritus de los muertos; y esto, así como la creencia en la reencarnación y en los espíritus-guías, la distingue especialmente del candomblé. Los umbandistas ejercen un servicio social constante en sus centros. En la umbanda se bautiza, consagra y casa y la finalidad básica de ese culto es la cura material y espiritual.

UNA UMBANDA DE SALÓN


Viernes. Nueve y media de la noche. Fabio Alvarenga y esposa nos reciben en un piso de la calle Ubaldino do Amarat, en Río de Janeiro. He sido invitado a una umbanda de salón. Una umbanda en la que se reúnen amigos y familiares. Meyer Koary es el babalorixá (jefe espiritual).
La ceremonia se va a realizar en un piso y no hay atabaques (tambores rituales). Unas doce personas en la sala. En un rincón, el típico altar umbandista, en el que destacan imágenes de santos católicos y pretos velhos. Quienes van a intervenir visten de blanco.


Se inicia la sesión. El primer ponto cantado atruena la sala. Y a este primer ponto siguen otros y otros. Finalmente, se producen las primeras posesiones y los médiums van entrando en trance. Uno de los médiums, que ha sido poseído por un exú (especie de diablo, espíritu poco evolucionado, de bajas vibraciones) se mueve, feroz, por la sala blandiendo un bastón y bebiendo constantemente de una botella de cachaça. Otros médiums, especialmente mujeres, parecen haber sido poseídos por pomba-giras (esposas de los exú) y giran sobre sus pies infatigablemente, con la maestría e insistencia de un derviche. La atmósfera parece cargada de electricidad. Dejo que el ambiente me penetre y siento que puedo caer en trance. El babalorixá se acerca a mí. Me mira:
-Tu padre espiritual es Xango- me dice.

ENFERMA DE "PERPLEJIDAD"


La sesión se alarga. Nuevos pontos cantados y nuevas posesiones. Y esta vez son los orixás los que cabalgan. Se va a proceder a una curación. La curación del cuerpo y del espíritu es la finalidad básica de la umbanda.
Una mujer avanza hacia el centro de la sala. Está enferma. Una gran pesadumbre la mantiene en un estado de perplejidad. No puede llorar. Y se trata de hacerla llorar. Si llora -me han dicho- la enfermedad desaparecerá.
Se invoca, se utiliza el poder de captación astral de la hoja de un cuchillo que Fabio mantiene sobre la frente de la enferma, se quema la pólvora junto a ella. La pólvora, al quemarse, al estallar, conjura fuerzas negativas, su luz limpia. Se cantan nuevos pontos y, finalmente, en una rueda de médiums, entre alaridos, la enferma es movida, agitada... La ceremonia de curación se alarga. Cuando termina la enferma parece más aliviada. Ha dejado deslizar sus primeras lágrimas.

LA IMPORTANCIA DE VOLVERSE NIÑO


La ceremonia ha entrado ya en su última fase. Va a procederse a la "gira dos Ibejés". Y, así, súbitamente, todos los médiums son poseídos por crianças (niños). Y la sala se convierte en un alucinante jardín de infancia. Fabio, hombre corpulento, de voz grave y ademanes recios, al que he visto minutos antes ser poseído por una entidad casi agresiva. Fabio, que poseído por esa entidad, ha estado dando vueltas al salón lanzando un corto y duro grito al tiempo que se golpea el pecho. Fabio, que, cabalgado, ha estado lanzando con gran maestría un enorme cuchillo, un chuchillo que se ha clavado varias veces, vibrando, junto a mis pies, ahora se arrastra a gatas y, aflautando la voz, me invita a jugar. Y con ademanes de niño me engaña dándome un envoltorio ahuecado de caramelo que no contiene caramelo. Y Fabio ríe, ríe con la alegría de un niño. Fabio, en trance, es realmente un niño.


Y los "niños" siguen jugando. Es un recreo de casi una hora que -dicen los umbandistas- limpia el ambiente. La inocencia infantil, con sus vibraciones afectivas, ingenuas, puras, son las más apropiadas para resolver problemas emotivos, así como para dejar limpio el ambiente de toda nociva influencia. Y lo creo. Lo creo aun cuando tan sólo fuera a nivel de terapia psíquica.


Ojalá nosotros, los graves y responsables ciudadanos occidentales, nosotros, los que nos consideramos más reflexivos y adultos que nadie, fuéramos capaces de volvernos niños unas horas todas las semanas, fuéramos capaces de arrastrarnos por el suelo moqueando enrabietados porque nos han quitado un caramelo, fuéramos capaces de jugar a las canicas, fuéramos capaces, en definitiva, de alcanzar, aun cuando sólo fuera por unos instantes, esa inocencia infantil que vi en la "gira dos Ibejés" de todas las umbandas, porque, aun cuando tan sólo fuera a nivel de terapia psíquica, aun cuando no creyéramos estar poseídos por vibraciones puras, infantiles, también nosotros resolveríamos muchos de nuestros problemas afectivos y, a no dudar, el ambiente y las relaciones se harían mucho más limpias.

 

Por: Joaquín GRAU